
Me llamó la atención que Bruno dijese "es basura, alguien ha tirado basura en la playa", cuando a la distancia que estábamos, unos escasos tres metros, se distinguía perfectamente el cuerpo sin vida del alcatraz: un amasijo de plumas y arena sin rastro de sangre ni de otra señal de violencia. No dejé que se acercase, y tampoco hizo ademán de hacerlo. Le puse mi mano izquierda sobre su hombro derecho para decirle, sin palabras, que se quedase allí mientras yo me acercaba a "aquello". Saqué la foto y continuanos nuestro camino.
Él no me hizo ningún comentario. Nunca volvió a mencionar nada.
Entonces la muerte debe ser algo que se aprende. Como todo lo demás.