viernes, 4 de enero de 2008

El final del mar



(...) Bartleboom se dio cuenta de que había permanecido inclinado hacia delante, todavía rígido en el científico perfil del instrumento óptico en el que se había transmutado. Se enderezó con toda la naturalidad de la que fue capaz. Poquísima.

- No. Estoy trabajando.
-¿Trabajando?.

-Sí, estoy haciendo..., estoy haciendo unas investigaciones, ¿sabéis?, unas investigaciones...

-Ah. -Investigaciones científicas, quiero decir...
-Científicas.

-Sí.
Silencio. La mujer se ciñe el chal violeta

-¿Conchas, líquenes, cosas así?

-No, olas.

Eso dijo:
olas.
-O sea..., fijaos ahí, donde llega el agua..., sube por la playa, luego se detiene..., eso es, precisamente ese punto, donde se detiene..., dura apenas un instante, mirad, eso es, por ejemplo, allí..., como veis, apenas dura un instante, después desaparece, pero si se consiguiera detener ese instante..., cuando el agua se detiene, precisamente ese punto, esa curva..., es eso lo que estudio. Donde se detiene el agua.

-¿Y qué es lo que hay que estudiar?

-Bueno, es un punto importante..., a veces no se le presta atención, pero pensándolo bien ahí sucede algo extraordinario, algo...extraordinario.

-¿De verdad?
Bartleboom se acercó ligeramente a la mujer. Se hubiera dicho que tenía un secreto que decir cuando dijo
-Ahí acaba el mar.

(...)

Alessandro Baricco. Océano mar.

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