martes, 10 de junio de 2008

Cadáver de un paraguas



No me cupo ninguna duda; no sopesé la mínima posibilidad de análisis, no cabía tampoco. Aquel paraguas había sido terriblemente torturado hasta su muerte. La manera en que se habían ensañado con él sí que me hizo vacilar sobre la naturaleza de su asesino: ¿qué terrible bestia había desmembrado así a aquel pobre infeliz? ¿qué instinto primigenio, qué infecto placer habría provocado semejante atrocidad? Otra duda emergió de aquel mar de confusión, una pregunta surgió en el aire frío de la tarde: ¿estaría ya muerto cuando lo depositaron en el interior de la papelera?

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